martes, 2 de junio de 2015

postheadericon A cuatro años del milagro en Liniers

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la mágica noche ante Vélez que clasificó a Peñarol finalista de la Libertadores. ¡Mirá el video y volvé a emocionarte!


¿Cómo olvidarlo? Para cualquier hincha de Peñarol resulta imposible. Es que la noche del jueves 2 de junio de 2011 quedará guardada en el colectivo Carbonero para siempre.

Ante Vélez Sarsfield en el Estadio José Amalfitani de Buenos Aires, los Aurinegros lograron otro milagro y se metieron en la final de la Copa Libertadores después de 24 años.

El partido tuvo todo. Antes y después. Acá y allá. Congregación masiva de hinchas Mirasoles en el Obelisco de la capital del vecino país, caravana hasta Liniers y a la noche la postal impresionante de 14 mil personas copando la popular visitante como si fuera Montevideo.

En Uruguay jornada atípica. ¿Trabajar? Sí, con una oreja puesta en la radio y con alguna escapada para ver la televisión de vez en cuando.

Pero llegó la hora del juego y el dramatismo aumentó a máximo nivel. Un buen comienzo de Peñarol yendo al frente y el gol de Matías Mier a los 33’ hicieron crecer la ilusión. La chance estaba cada vez más cerca.

Sin embargo, el gol de Fernando Tobio en los descuentos del primer tiempo fue un balde de agua fría y derivó en un segundo tiempo no apto para cardíacos.

El Fortinero creció en su juego. El equipo de Diego Aguirre lo pudo liquidar pero a Juan Manuel Olivera se le mojó la pólvora y hubo que esperar. Por el otro lado las cosas no fueron iguales y Santiago Silva lo dio vuelta a los 66’. 

El corazón en la boca pedía a gritos el pitazo final. Darío Rodríguez peleó una pelota en el área con el delantero Juan Manuel Martínez y ocurrió lo peor; Guillermo Rodríguez paró con la mano. Era penal para el local.

Tan cerca y tan lejos. El destino parecía jugarle una broma de mal gusto a Peñarol. En la tribuna la gente se abrazaba. Había confianza, esperanza. Quizá por mística copera, quizá por suerte. Vaya uno a saber por qué. Lo cierto es que el Tanque Silva se resbaló, falló su tiro y el corazón volvió a latir.

Quedaban 15’, pero el hecho ya estaba consumado. Peñarol, que había ganado 1-0 en la ida, jugaría por décima vez la final de América. Entre gritos, saludos y apretones, hubo delirio compartido entre hinchas y jugadores como si todos fuera uno.

En Uruguay la gente desbordó las calles de los diferentes departamentos para festejar lo que hacía tanto tiempo buscaban. 

Por un ratito, Peñarol volvió a ser el Peñarol de los milagros, ese que nunca murió y que siempre espera agazapado para que cuando menos lo esperes, darte la alegría más grande de tu vida.

¡Y ya verás, la Copa Libertadores vamo’ a ganar!















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