domingo, 15 de noviembre de 2015

postheadericon Para Forlán, el clásico uruguayo es el mejor del mundo

Así lo expresó el delantero en su columna en The National tras haber jugado “el partido que había soñado toda mi vida”. ¡Leela y emocionate!


Haber jugado clásicos en Argentina, Inglaterra, España, Italia y Brasil es suficiente para opinar de la temática. Sin embargo, fue recién después de disputar el Peñarol – Nacional que Diego Forlán pudo comprobar lo que creemos casi todos los nacidos de este lado del Río de la Plata; el clásico uruguayo es el mejor del mundo. 

Todavía emocionado por haber cumplido un enorme sueño en su vida, el delantero le dedicó una columna al partido frente a los Tricolores en el diario árabe The National y con su particular visión de las cosas transmitió fuertes sentimientos.


A continuación, compartimos el artículo completo:

“El domingo jugué el partido que había soñado toda mi vida: Peñarol contra Nacional. Uruguay es un país de tan solo 3 millones de habitantes pero el derbi entre nuestros dos equipos más grandes es uno de los mejores del mundo. Según un importante estudio realizado hace un par de años, es el tercero del planeta por detrás de los clásicos Boca-River y Barça-Madrid.

Este derbi de mi ciudad natal Montevideo siempre ha sido una parte importante de mi vida. Cuando era pequeño, podía convertirme en un héroe en clase porque mi padre jugaba en el Peñarol –es decir, si el Peñarol derrotaba al Nacional. Todos querían ser mis amigos. Pero, si por el contrario ganaba el Nacional, entonces mi vida no era fácil, incluso después de que mi padre dejara de jugar para el Peñarol. Hay otros clubs en Uruguay que merecen respeto, pero todo el mundo en Uruguay está con uno o con el otro.

Empecé a ir a los partidos para apoyar al Peñarol cuando era pequeño y fui a ver partidos con mis amigos hasta que me fui a Argentina para ser futbolista. Mis amigos siguieron yendo a los encuentros, incluso a los partidos fuera de casa de la Copa Libertadores por toda Sudamérica.

En 1999 era un jugador suplente del Independiente, que pocas veces jugaba de titular. Quería estar en el primer equipo y miraba cada semana si mi nombre aparecía en la lista de titulares. Casi nunca estaba. Hubo una excepción. En noviembre de ese año, mi primo iba a casarse en Montevideo el mismo fin de semana del derbi. Deseaba con ansia asistir a la boda y al derbi ya que Peñarol iba a ganar la liga. El jugador clave era Pablo Bengoechea, mi actual entrenador en el Peñarol. Por primera vez en mi vida no quería que me eligieran de titular. Y tampoco me imaginé que lo harían puesto que normalmente no era así.

Me acerqué nervioso al tablón de anuncios. Y, adivínenlo, mi nombre estaba en la lista. Me perdí la boda (siguen casados y tienen dos hijas adorables) y el derbi. Desde entonces he jugado por todo el mundo. No he estado nunca en ninguno de estos derbis, aunque he visto la mayoría por televisión.

Pero volvamos al domingo. El Peñarol lidera la liga con dos puntos de ventaja sobre el Nacional. Se acerca el final de la temporada y solo quedan tres partidos por jugar. El Nacional necesitaba ganar. El famoso estadio Centenario estaba lleno, unos 60.000 seguidores, con 20.000 hinchas del equipo contrario repartidos en tres tribunas. En Europa tienes 3.000 hinchas contrarios. En Montevideo, es más como en Argentina, una tribuna entera cantando. Puede que el Centenario sea un estadio abierto con una pequeña cubierta sobre una de las tribunas pero el ambiente es increíble. Las bengalas ya no están permitidas pero las canciones y las banderas, el ruido constante, es asombroso. Venga a verlo usted mismo a Uruguay, no le decepcionará.

Los hinchas empezaron a llegar al estadio cuatro horas antes del saque inicial porque hay un partido entre los segundos equipos. Así pues, este partido empieza con 10.000 personas que esperan ver a las estrellas del futuro –y acaba con casi 60.000 espectadores viendo un encuentro entre los segundos equipos. Luego empieza el partido de verdad. Sentí un escalofrío en la nuca cuando salí al terreno de juego. He jugado varios partidos importantes en todo el mundo: Manchester United-Liverpool y Manchester City, Atlético-Real Madrid, Inter-Milan, Internacional-Gremio. Todos son increíbles pero ahora estoy en casa. Esta es mi gente, mis amigos, mi familia. Esta es la gente que más me importa y tuve la oportunidad de cambiar su estado de ánimo igual que hizo mi padre años atrás. Es una gran responsabilidad. El partido acapara los medios de comunicación cuatro semanas antes de que se celebre, todo el mundo habla de ello. En las tiendas o en las gasolineras todo el mundo te habla del partido. Todos tienen su opinión y su equipo perfecto. Todos son el entrenador, les importa. Me encanta este sentimiento por el fútbol porque yo también siento lo mismo. No quería por nada del mundo marcharme del Centenario con tristeza. Además, si ganaba el Nacional, el eterno rival del Peñarol, se colocaban en primera posición. Esto sería un desastre para nosotros, para mí en mi primera temporada aquí que estoy disfrutando tanto.

Juego por detrás de la delantera, aunque he marcado tres goles. Puede que sea uruguayo pero estos son mis primeros días de liga aquí. He tenido que adaptarme a la liga, no ha sido fácil pero lo he disfrutado de verdad.

El domingo fue la prueba de fuego. Me sacaron tarjeta amarilla tras ocho minutos de juego. El Nacional marcó en el minuto 43. La primera parte no fue buena pero en el minuto 79 mi compañero de equipo Matías Aguirregaray marcó el gol del empate, un gran momento para el equipo y el club. El partido finalizó con empate a uno. Mantenemos el liderato.”


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Fuente: The National

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