lunes, 28 de noviembre de 2016

postheadericon Clásico suspendido: Se robaron el fútbol

El partido entre Peñarol y Nacional no llegó a comenzar debido a incidentes dentro y fuera de la tribuna Ámsterdam. El Carbonero podría perder los puntos y recibir duras sanciones, aunque desde el gobierno aseguraron que se trató de un suceso premeditado por una organización delictiva que contó con ayuda desde Argentina. 


En los últimos tiempos nos hemos visto obligados a relatar con frecuencia hechos relacionados con lo delictivo, cuando nuestro cometido y filosofía es brindar contenidos deportivos relativos a Peñarol apuntando a la calidad de los mismos. 

Si bien somos conscientes que ese tipo de noticias es muy requerido por los usuarios en los tiempos que corren, consideramos que no aportan elementos positivos sino que por el contrario, contribuyen a alimentar el deterioro social.

Sin embargo, en algunas ocasiones la contundencia de los hechos y su estrecho vínculo con la vida institucional del club que amamos nos pone en el deber de llevarlos al frente con el objetivo de generar una reflexión al respecto.

De todas formas, en esta oportunidad hemos dejado pasar algunas horas para, tomar distancia de lo sucedido y tener una visión más amplia, recogiendo además distintas y fiables versiones de los hechos acontecidos en el clásico y así entregarles un informe sin distorsiones de la realidad. 

Entrando ya en el capítulo del partido que fuimos a observar y no pudimos, debemos destacar el fuerte operativo policial en torno al Estadio Centenario. A través de las desiertas calles del Parque Batlle se podían apreciar estrictas zonas de control y desvíos como si se tratara de una guerra. A nuestra llegada, más de una hora antes del inicio pactado para el juego, todo parecía transcurrir con cierta normalidad más allá de que había personas detenidas por disturbios menores. 

Con la extraña sensación de estar acudiendo a un partido más del Campeonato Uruguayo ingresamos a un Estadio Centenario con escaso marco de público, sobre todo en la Tribuna Olímpica, minutos antes de que comenzaran los incidentes. En comunicación constante con un amigo presente en la Tribuna Ámsterdam nos empezamos a enterar que algo raro estaba sucediendo.  En principio, nos informó de un inconveniente con el ingreso de bombos y banderas lo que retrasaba al resto. Lo más confuso parecía estar en la dualidad de criterios por parte de la policía, ya que en la Tribuna Colombes se veían numerosas banderas de gran porte y elementos de percusión.

Según nuestra fuente, esta dualidad derivó en enfrentamientos entre algunos hinchas y la policía lo que terminó con el cierre de la puerta 7. La aglomeración de gente no ayudó en nada y sumado a los controles personales dio como resultado una atmósfera crítica entre los hinchas y los encargados de la seguridad. 

Mientras tanto, en el interior de la Ámsterdam ocurrió otro hecho lamentable que agravó la situación; el saqueo a los puestos de comidas y bebidas. Los humildes trabajadores nada pudieron hacer para controlar a un grupo no menor de delincuentes que les llevó todo. Según nos contaría más tarde una empleada del lugar, “nos llevaron todo, hasta las garrafas, las cuchillas y otros útiles, además de la mercadería”, la cual luego a través de las redes sociales pudo verse en manos de muchos hinchas con total impunidad.

A esa altura el desorden era tal que incluso la policía decidió cerrar también la puerta 9, según explicarían más tarde debido a que un grupo de hinchas pretendían ingresas sin entradas. Con una sola puerta habilitada para todo el público era más que evidente que las cosas no podían salir bien, como si se intentara apagar un incendio con nafta. Luego, lo inevitable pasó y los desmanes incluyeron agresiones al personal de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), por lo que éstos decidieron retirarse y se cerraron todas las puertas de ingreso a la tribuna. El enfrentamiento entre la policía y los hinchas creció y sumó un nuevo frente, ya que a la vez que intentaban liberar la explanada de la Ámsterdam, recibían agresiones por parte de algunos hinchas que hasta le tiraron una garrafa de 13 kilos desde lo alto de la tribuna. 

Conocida la situación por las autoridades de la AUF, se puso en duda la hora de inicio del juego y comenzó a circular la posibilidad de la suspensión. Lo cierto, es que tras una larga espera la policía logró liberar la zona del exterior de la Ámsterdam y adentro todo parecía estar en paz con un grupo de hinchas que no llegaría a los 2.000.

En el palco oficial los dirigentes y autoridades iban y venían. Se concretaban reuniones y con ánimos exaltados se cruzaban insultos entre quienes querían disputar el partido y los que pretendían suspenderlo. El presidente Carbonero, Juan Pedro Damiani, manifestó desde el inicio su intención de que el cotejo se desarrollara, mientras que en filas Tricolores las opiniones eran diversas, algunos intransigentes con la idea de suspenderlo y ganar los puntos en tribunales. 

Cabe destacar que mientras todo esto sucedía el grueso de la parcialidad del Bolso festejaba lo que ocurría en la tribuna de enfrente, como si se tratara de una realidad ajena a ellos o no les importase. Parecía que se trataba de una comunidad aislada que pregonaba su buena e intachable conducta, repudiando a “la vergüenza del Uruguay”, según entonaban sus cánticos. En las redes sociales también hubo eco de este asunto y los hinchas del Bolso comenzaron a especular sobre una posible “fuga” de Peñarol, celebrando lo que a su entender era un “abandono”.

No obstante, en los vestuarios los jugadores aguardaban pacientemente el inicio del partido y según pudimos averiguar, ambos planteles estaban decididos a disputar el partido como fuera. 

Cuando parecía que podía haber “luz al final del túnel” llegó lo peor. El director de la Policía Nacional, Mario Layera, le comunicó a los árbitros que no estaban dadas las garantías para jugar el partido. La versión del jerarca policial resulta extraña ya que por esa hora la tranquilidad reinaba dentro y fuera del Centenario. El árbitro Leodán González se vio obligado a confirmar la suspensión del partido y comenzó la evacuación paulatina de las hinchadas. 

Conocida la noticia causó en nosotros sorpresa la forma en la que nuevamente la hinchada de Nacional festejó el hecho, como si les preocupara más ganar los tres puntos de cualquier forma sin que las camisetas más gloriosas de nuestro fútbol se enfrentaran en la cancha. Lo patético de la situación no quedó ahí y tuvo un momento cumbre cuando el plantel Albo salió del vestuario y se dirigió hasta el medio del talud Colombes, y frente al grueso de la “Barra Brava” saludó a la parcialidad. Cabe destacar que tanto en ese momento como antes, dos banderas de gran tamaño hacían alusión a los asesinos del hincha Aurinegro, Hernán Fioritto, como si se tratara de un homenaje a los autores de la masacre en Santa Lucía el pasado 28 de septiembre. Nadie, en una tribuna repleta que se jactaba de “ser diferentes” a los de enfrente, repudió el hecho. Para cerrar una tarde bochornosa un gran número de hinchas de Nacional bajó al talud con la bandera de “La Banda del Parque” en una clara señal de provocación a sus pares de Peñarol que no pudieron ingresar la suya. 

Al igual que en la previa del partido a la salida hubo más incidentes en diversos puntos de Montevideo, con más de 200 detenidos y la incautación de armas y drogas. 

Este lunes se supo que el jefe del operativo, Jorge Clavijo, propuso a los dirigentes desalojar la Ámsterdam como condición para disputar el encuentro, algo que fue denegado por las consecuencias que podía tener en hinchas inocentes de los delitos. Además, la medida se contradice con la postura del Ministerio del Interior que desde hace un largo tiempo anunció que no entraría más a las canchas, evidenciando una clara falta de rumbo.

En cuanto a lo que seguirá, habrá que esperar que el informe confidencial del árbitro llegue directamente a manos del Tribunal de Disciplina para conocer el desenlace. Si bien Damiani pretendió que la Mesa Ejecutiva se reuniera de urgencia y fijara el clásico para el miércoles a puertas cerradas, esta opción no prosperó y lo más factible es que el Manya no sólo pierda los puntos sin jugar, sino que también se expone a duras sanciones puestos los recientes antecedentes que tiene en su haber. 

Lo que es claro, y dejando de lado la responsabilidad de los dirigentes que a lo largo de los años alimentaron el “monstruo” de las barras bravas de diversas formas, y también pasando por alto los errores notorios en el operativo de seguridad, es que existen organizaciones criminales en torno al fútbol que hacen uso de su poder cuando y dónde quieren, teniendo a los clubes como rehenes. 

Respecto a ello, tras el partido Damiani manifestó: “Esta gente que generó esto son del crimen organizado que generan todo tipo de apriete y ahora tienen la posibilidad de que matan a un chico que no tiene nada que ver y generan puntos, o tiran algo y generan puntos. Entonces se le está dando a esa gente un poder que es peligroso"

“Está instalado el tema de que los dirigentes bancamos a los barras. ¿Cuál es el beneficio? ¿Perder campeonatos? ¿Perder sponsors? Tengo una amargura enorme. Yo sueño un fútbol distinto, por eso hicimos un estadio", agregó. 

Por su parte, el presidente de Nacional, José Luis Rodríguez, indicó que “si el campeonato no se jugara es como darle la razón a los violentos de que pueden ganar la batalla. Más que nunca el campeonato debe terminar. No terminar un campeonato uruguayo que empezó seria darle la razón a quienes piensan que vengo, hago desmanes y el campeonato no termina".

Como si viviera en un mundo paralelo y desconociendo acontecimientos violentos graves y recientes en los que participaron hinchas de Nacional, agregó que "el comportamiento de la parcialidad de Nacional, que ustedes vieron, fue excelente. Ya había pasado, contra Fénix tuvimos que esperar una hora el inicio del partido. Jugar a puertas cerradas sería decirles: como ustedes se portaron bien, vamos a castigarlos".

Enterado de los sucesos y en plena gira por España, el Presidente de la República, Tabaré Vázquez, anunció en conferencia de prensa que “Ayer estaba preparada una asonada en la tribuna Ámsterdam con barras de Argentina”, hecho que coincide con lo que expresamos unos párrafos más atrás. 

Así mismo, Vázquez señaló que “dirigentes (De Peñarol) no le entregaron las 400 entradas a los barras bravas que las solicitaron”, lo que habría generado el enojo en éstos. 

Por último, remarcó que “está identificada la persona que tiró la garrafa y otros participantes del incidente” y aseguró que “los violentos se sienten impunes porque los dirigentes del fútbol no pueden con ellos".  

Para redondear una jornada para el olvido, el Ministro del Interior, Eduardo Bonomi, tuvo la desafortunada idea de declarar que el operativo de seguridad del clásico “fue un éxito”: "Se evitó todo lo que quisieron provocar los que se plantearon determinados objetivos: tratar de que se dé marcha atrás en la decisión de no dar más entradas".

"No se le puede pedir a la policía más de lo que hizo...Se le puede pedir que trabaje para que eso no pase”, destacó el jerarca. 

Bonomi también se refirió a la actuación de la policía y sentenció una contradicción: “A veces el policía dice que tiene que entrar a la tribuna, pero a veces lo mejor es evacuar y no entrar".

Sin ser expertos en seguridad podemos advertir que un operativo exitoso hubiera sido prevenir incidentes y que el partido se desarrollada con normalidad. Sólo si el objetivo fuera otro lo podríamos catalogar de exitoso tras lo acontecido. 

En definitiva, parece no haber una política seria con el fin de erradicar la violencia de los espectáculos deportivo, ni por parte de la clase dirigencial ni por parte del estado. El próximo año, con elecciones en Peñarol, los socios debemos meditar muy bien qué opción tomar si no queremos seguir perdiendo campeonatos fuera de la cancha.

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